LO QUE NUNCA FUE


Lo recordamos,

lo añoramos, como si así pudiéramos volver a ello; como si pudiésemos por fin vivirlo, tenerlo. ¿Sentirlo? No, eso ya lo hemos experimentado. Conocemos el sabor del momento la sensación en nuestra piel y palpitar de nuestro corazón. Lo hemos repasado tantas veces en nuestra cabeza que conocemos cada detalle. No se puede borrar, mucho menos olvidar.

Eso que nunca fue, aquello que nos quedamos esperando confiando que llegaría, se sentía tan real, se veía tan cercano que llegamos a creer aquella ilusión; eso que tan solo vimos con los ojos de la imaginación y abrazamos con el corazón, mas no llegó. Nunca fue.

No había hora de arribo, tampoco muelle donde embarcar ni frontera que cruzar. Tan solo queda el recuerdo, la nostalgia de lo que su vacío nos dejó. Sí, también se extraña aquello que nunca fue.


Sandy Mejía

...

Y tú, ¿tienes algo que nunca fue y aún extrañas? Creo que no se trata de darnos golpes de pecho, sino darnos cuenta de quiénes somos y nuestras emociones, nuestros sentimientos. En el reconocer, está el hacer. Para mí el darme cuenta de esto me ayuda también a decir adiós, a despedirme, soltar. Y esto no sucede en una sola ocasión .

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