PERDERLO TODO


Espero que un día lo pierdas todo que tus manos se queden vacías y el tanque de emergencia no tenga más para dar.

Si tal vez tus ropas son tu única posesión tus ganas por sobrevivir o salir adelante tu única tenencia. Porque lo has dejado todo en el camino, en la lucha, en el intento. Y se ha acabado, se ha agotado…consumido. Mas no tú. Tú aún sigues, tus pulmones aún respiran y tus ojos aún miran hacia delante. Tu corazón sigue latiendo como si quedara la esperanza de que aún hay más por hacer o algo en el mañana espera por ti.

No sabes qué ni cuándo, mucho menos el cómo, pero algo te impulsa a seguir. Y es ahí cuando comienzas a ver lo antes invisible; el placer en la risa de un niño, en el abrazo sincero cuando menos lo esperas, el platillo compartido con amigos, las palabras entrelazadas con verdad y anhelo, los sueños que aún esperan ser cumplidos, el amor que no ha menguado a pesar del caos, la constancia de los que deciden quedarse porque así lo quieren y nada más, la paz que existe en una mañana sin prisas y en la noche compartida en un abrazo, la magia que hay en dejar de extrañar lo que te das cuenta no necesitas; porque tienes tanto, eres poseedor de todo, el Universo entero en tus manos.

La riqueza del mundo en tu corazón, en los ojos del que te mira tal como eres habiendo conocido tus demonios y aún llorado a causa de ellos, con todo, sigue ahí pues ha visto también tu belleza. Esa que supera expectativas escritas por una sociedad que apenas sabe para dónde va.

Ojalá pierdas aquello que se guarda en cajas, que se mide en números y se cuenta uno tras de otro. Para que entonces puedas llenarte de aquello que las manos no pueden contener tan solo el corazón, eso que se vive con el alma y se experimenta con el verdadero ser, ese quien realmente eres y conecta con otros desde ahí, en honestidad y transparencia. Porque ha llorado, porque ha sufrido, porque ha perdido pero sobre todo porque se ha dado cuenta que la mayor grandeza no está fuera sino dentro.

Piérdelo, piérdelo todo; para que entonces puedas ganarte a ti. Te des cuenta eres tú la plenitud entera. Entonces, lo habrás ganado todo.

Sandy Mejía

Foto: Eberhard Grossgasteiger

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