Cuantas veces hemos escuchado la frase “Cree, solamente tienes que creer” y es genial, es una de esas frases que abraza nuestro corazón sin condiciones. Sin embargo, me pregunto si es en realidad eso todo lo que tenemos que hacer para lograr el resultados que queremos, porque… el secreto está aquí, normalmente cuando usamos esa frase, es porque estamos buscando algo en particular, algo que suceda, que la vida conspire a nuestro favor, que los eventos suceden tal y como quiero, o que esta u otra persona haga algo en particular… en fin, hay muchos ejemplos.         ¿Alguna vez te lo has preguntado?
¿Cuándo fue la última vez que realmente viviste con TODO tu corazón?

Tristemente parece que hemos olvidado lo es esto. Estamos con tanto miedo por el “qué será” que no queremos tomar el primer paso. No queremos mostrar nuestro corazón tal cual es, por lo que la gente podrá pensar, ¿cierto? O qué tal si somos quienes decimos “te amo” por primera vez, o un “lo siento, me equivoqué”, mostrando así nuestro corazón de una manera transparente. No.. eso es mucho, mucha vulnerabilidad. Así que nos refrenamos.
Nos refrenamos en tantas cosas, creyendo que es solamente por un momento, después el día pasa por completo lo que después se convierte en semanas y después meses. Para cuando te das cuenta (eso, ¡si te das cuenta!) ha pasado mucho… después, tu vida entera. ¡Tu vida entera conteniéndote! No viviendo la vida con tu corazón plenamente abierto.

Así que, tratando de estar a salvo, nos adormecemos. Nos adormecemos no solamente a lo malo o el dolor, pero también a lo bueno, a las dichas de la vida, los placeres, las aventuras… la experiencia, la vida. Nos adormecemos a la vida. ¡Qué ridículo es esto!

¿Que tal si intentamos volver a nuestras raíces? Estar abiertos no solamente al mundo, sino principalmente a nosotros, mostrando nuestro verdadero rostro, nuestro corazón y nuestra mente. Y sí, tomando los golpes, porque seguramente vendrán. Así es, tómalos y sigue adelante. Prefiero por mucho caminar sintiendo el dolor, que estar adormecida a la dicha de vivir y no experimentar la aventura de lo que significa estar vivo.

Así que, como dijo C.S. Lewis: Coraje mi querido corazón, coraje.

CORAJE